politicalcorrectness

No vamos a negar que el lenguaje es una de las herramientas de las que se vale alguna gente para discriminar. El uso como insultos de términos como “mogólico”, “puto”, “bolita” o “macaco” comprueban el hecho. Pero desde hace unos años, cuando se impuso la moda de la corrección política, se exagera la cuestión desde una nueva teoría que reza que las palabras discriminan.

Hace un tiempo tuve la oportunidad de ver un fragmento de Almorzando con Mirtha Legrand donde la Presidente del INADI, María José Lubertino, daba ejemplos de esta teoría diciendo que en lugar de referirse a los enanos, uno debe decir persona pequeña. Esto parece muy lógico si no fuera que el término enanismo se utiliza en medicina para englobar distintos transtornos de crecimiento, con especial referencia a la acondroplasia. Para referirse a este tipo de gente hay términos muy populares que son bastante más ofensivos que llamar “enano” a un… enano.

Este tipo de obsesión por el uso de eufemismos se pasa de ridículo cuando se terminan creando expresiones casi barrocas, como renombrar a los sin techo como “personas en situación de calle”. Ahí ya derrapamos… qué carajo significa “situación de calle”? Acaso, si nos llaman cuando estamos muy ocupados en el trabajo, debemos decir “disculpame, pero en este momento no te puedo atender porque estoy en situación de empleo”? Le rogamos al encargado del bar que nos deje pasar al baño sin ser clientes aduciendo que estamos “en situación de sorete”?

El desastre comenzó cuando empezaron a llamar a los ciegos no videntes. Una pelotudez, en mi opinión, porque describe desde la negativa: no sos algo, sos no algo. Podríamos también decir que el significado coloquial de vidente es la de una persona que pretende adivinar el porvenir o que tiene visiones sobrenaturales, y por ello todos somos no videntes. En fin, la cuestión es que parece que a los ciegos les gusta que los llame ciegos en lugar del poco feliz understatement.

Después, cualquier palabra que se utilice depende del contexto en que esté inserta, y el sentido que quien la dice le quiera dar. Suelo referirme a cualquiera de mis amigos morochos como “El negro…”, pero ninguno se ofende porque sabe desde dónde lo digo, lo mismo que me pasa cuando me llaman gallego… cuando deberían decirme galaicoamericano(?).

Hace un tiempo alguien se ofendió porque dije que Gabriela Michetti estaba tullida, cuando es una definición clara de su discapacidad. Y ahí hay otro tema: resulta que los inválidos pasaron a ser discapacitados. Hasta ahí, todo bien. Pero no, tuvieron que ir por más, y ahora se los denomina “personas con capacidades diferentes”. WTF? Cuáles son las capacidades diferentes? Mueven objetos a distancia? Hablan en lenguas?

Para cerrar esta pequeña diatriba, y para demostrar que, aunque parezca novedoso, esto de lo “políticamente correcto” es bastante viejo, unas líneas del escritor español Francisco de Quevedo:

“Por hipocresía llaman al negro moreno; trato a la usura; a la putería casa; al barbero sastre de barbas y al mozo de mulas gentilhombre del camino”

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